Cortometraje "Güisqui, mujeres y baño, una vez al año"


Después de mi primer cortometraje, más de lo mismo, me lanzo a rodar el segundo, por aquello de ir puliendo la técnica y pasar un buen rato con los amigos y compañeros de fatigas. Lo rodamos en la segunda semana del més de septiembre de 2009 en el Coliseo Romano, Los Gallardos (Almería).

En esta historia cuento con cuatro personajes..., bueno, cinco pues...
sin venir a cuento
un vaquero en bicicleta
se nos sumó al esperpento

Les presento a los personajes (al vaquero, más tarde, tal y como apareció en el rodaje)

Pero a lo que iba, que resulta que los dos tramperos iban, como cada año desde que andaban por aquellos inhóspitos parajes recolectando (¿?) pieles de animales, al viejo saloon del viejo Johny el Rata a emborracharse, chingar con la vieja (allí, en aquel lugar, todo era viejo) y.... ¿pero qué es ésto? ¿qué es lo que se encuentran, ¡eh!?

Pues todo nuevo. Mucho modernismo arquitectónico y dos jóvenes y salvajes bellezas que les esperan a la puerta y que a la fuerza (rotura de güevos incluida) les pondrán al día de las también nuevas normas de la casa.

El viejo saloon de Johny el Rata
Y lo que encontraron: El Coliseo Romano

Este es el equipo técnico que logro componer, después de muchos ajustes y en muchos casos a tiempo parcial:
Guionista, Director, Productor e Intérprete: José Luís Sánchez (joelius)
Ayudante de dirección (control): Luís Campoy y Ana Belén Gabaldón
Ayudante de dirección (artística): Encarna Mouro
 Script: Angelines Zahonero
Ayudante fotografía y cameraman: Pedro Flores y Julio Contreras
Ayudantes de cámara y aparatos: Alejandro Pérez, Juan Pedro Collado y J .A. Quesada
Ayudante de sonido: Ana Belén Gabaldón
Música: Juan Curro
Maquillaje: Isabel Piñero
Making of: José Antonio Olmedo y Angelines Zahonero

Y he aquí mi Equipo artístico
Trampero uno: José Luís Sánchez “joelius”
Trampero dos: Enrique Metola
India: Ran Chaparro
Mejicana: Susana Paz
Vaquero: José Antonio Olmedo

Montaje: Juan Pedro Collado y José Luís Sánchez


Como decía, Güisqui, mujeres y baño, una vez al año, es el título de ésta historia un tanto absurda, en la que dos tramperos después de una larga temporada de caza en la montaña vuelven al mundo civilizado ¿¡!?: Su primera parada será, como siempre, el saloon del viejo Johnny el Rata, lugar bastante perdido y aislado, donde siempre han hecho lo mismo: primero, emborracharse; después, irse a la cama con la más vieja de turno, la única que había y les aguantaba y además borrachos ellos ¡que más da! y, finalmente, recibían un baño, eso sí, en el pilón de las bestias y a la fuerza. Pero esta vez, todo iba a ser diferente...

El relato filmográfico se inicia con una serie de planos de los tramperos (Enrique Metola y José Luís Sánchez, “joelius”) bajando de las montañas, para encontrarse inesperadamente ante dos jóvenes a la puerta del saloon que están como un queso, pero del bueno, ¡eh!, una india (Ran Chaparro), y otra mejicana, (Susana Paz), saloon que ellos suponían que era el de su amigo Johnny pero que ahora está irreconocible. Y no tardarán en comprobar los cambios en sus propias carnes pues las dos chicas les enseñarán, muy a su pesar, las nuevas normas de la casa.
Ellas, que no quieren otra cosa que las pieles que llevan los tramperos, algo normal pues ¿qué pueden querer dos jóvenes bellezas de dos viejos desgraciados y gruñones que sólo tienen pieles? ¿su carne? ¡No!, sus pieles y a tiras si es posible. El caso es que no les permiten el acceso al saloon ni a beber güisqui o cerveza, sin que antes se hayan aseado, baño en el nuevo pilón, por supuesto, y hayan acatado, a la fuerza eso sí, las nuevas reglas de la casa, tema que da para numerosos equívocos y situaciones un tanto surrealistas. Pero, en fin, finalmente hay güisqui  e incluso baile. Y peleas y abrazos y besos…y hasta un vaquero en bicicleta (José Antonio Olmedo) que pasaba por allí y se apuntó al carro de los disparates. Como en la vida misma. O no.


En fin que, solventados sobre la marcha y aceptablemente los muchos problemillas surgidos en el rodaje, solo me queda agradecer muy de corazón a todo el equipo técnico y artístico su participación desinteresada en esta producción.
Especial mención merece Julio, por haberme sacado de un atolladero, Joaquín, por conseguirme esa maravillosa arma que lucía el trampero dos, Isa, por sus escapadas para maquillar a mis niñas, así como a los recién incorporados al equipo Nines y José Antonio Olmedo que han hecho una labor meritoria.
Y como no, a mis niñas actrices, maravillosas ellas, y a Enrique y Encarna por acompañarme una vez más en mis locas aventuras.
Igualmente, al personal de El Coliseo Romano y familias por sus atenciones y dedicación y a los amigos y amigas que participaron como figurantes.

 

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Bueno, no se ha acabado. Ya me preparo para el tercer y último corto. Luego, los largos... ¡ciao!
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